Escucha tu corazón que es la brujula de tu vida

Listen to your heart is the compass of your life.

Cuando meditamos nos reencontramos con nuestra verdadera naturaleza

When we meditate we met again with our true nature.

La fuerza no viene de la capacidad corporal, si no de la voluntad del alma...

Strength does not come from physical capacity, if not the will of the soul ...

De el Sol obtenemos la energía para evolucionar

From the Sun get energy to evolve.

PERDONAR, NUNCA OLVIDAR


Con el fin de organizar una de esas cenas nostálgicas que promueven antiguos alumnos, la animosa organizadora del evento tuvo que contactar a cada uno para confirmar su asistencia. Al hablar con una persona que no veía desde hacía 30 años, ésta le dio a conocer que aún estaba dolida por algo que le había hecho el colectivo en cuestión y, con tono desangelado le comunicó que no pensaba acudir. La voluntaria aún se pregunta consternada: “¿Los agravios nunca prescriben?”
Los beneficios del perdón han sido desvelados por la ciencia muy recientemente, aunque las organizaciones religiosas ya los habían pregonado a lo largo de la historia de la humanidad. Las ventajas del perdón, ahora validadas por el mundo científico, incluyen la reducción del dolor crónico, de los trastornos cardiovasculares, de la conducta violenta, el incremento de la esperanza, y el alivio de los niveles de depresión y ansiedad. Las personas que no perdonan sufren de niveles elevados de presión arterial y frecuencia cardiaca así como otros problemas de salud. Las reacciones típicas del “no–perdonar”, como la culpa, la rabia, y la hostilidad se han asociado con enfermedades cardiovasculares y muertes prematuras.


Perdonar no es olvidar

Unos de los estudiosos del perdón en el ámbito de la psicología, Robert Enright, define el perdón como la modificación de los pensamientos, sentimientos y conductas negativas en relación a un ofensor. Los sentimientos y el juicio negativo se reducen, no porque el ofensor no sea merecedor de ellos, sino porque la víctima ha decidido libremente considerar al ofensor con compasión, benevolencia y amor. Ser capaz de perdonar es un regalo para uno mismo. No solo beneficia a la persona perdonada sino también a la que perdona. Al no perdonar, la persona dañada está encadenada a la persona que le hizo el daño y, mientras no la perdone, no podrá sustraerse al poder que tienen el ofensor y la ofensa sobre ella. El no poder perdonar provoca un estado de flujo de emociones negativas que obstruye el camino de la energía hacia proyectos más constructivos. Este concepto es muy importante para los supervivientes de abusos. Freedman y Enright trabajaron con el perdón en víctimas de incesto. A pesar de la naturaleza terrible de los actos que soportaron, los que lograron perdonar a sus abusadores experimentaron menores niveles de ansiedad y depresión y más sentimientos de esperanza.

El perdón permite que la experiencia vivida adquiera un nuevo significado para las personas implicadas. Algunas veces, el daño, una vez perdonado, puede servir para contribuir al crecimiento de una relación.
El perdón no tiene porqué hacer desaparecer inmediatamente el dolor asociado a la ofensa. Se cree comúnmente que las personas a las que aún les duele la ofensa no han perdonado de verdad. Esto no es cierto. Una cosa es el dolor y otra son los sentimientos de rencor y venganza. Algunas personas no perdonan porque sienten que sería un acto de debilidad. Es importante considerar que algunas de las cualidades necesarias para perdonar son la humildad, empatía, valentía, integridad, sinceridad, honestidad, espiritualidad, sentido comunitario, amor, bondad, gratitud y otras cualidades igual de importantes. Todas ellas, atributos de las personas fuertes, no de las débiles.


Contraatacar con el perdón.

Cuando el Dalai Lama recibió el premio Nobel de la Paz en 1989, el presidente del Comité, Egil Aarvik, admitió a los periodistas que la no-violencia no había logrado la independencia del Tíbet en las pasadas 3 décadas. Creía, no obstante, que no existía otra solución honorable: “Sin duda, se puede decir que el enfoque de la no-violencia es poco realista, pero si miran al mundo de ahora, ¿cuál sería la solución al conflicto? ¿La violencia y el poder militar? No. El camino de la paz sí es realista. Por eso el Dalai Lama fue elegido. Porque es el mejor portavoz de esta filosofía basada en la paz.” Unos años después, podemos comprobar como la venganza y “los castigos” al enemigo no han aportado la paz a las relaciones entre nosotros sino todo lo contrario.

En el centro de esta filosofía de la paz del Dalai Lama, radica su habilidad para cultivar el perdón. Su explicación es la siguiente: “Si desarrollo sentimientos negativos hacia aquellos que me hacen sufrir, esto solo destruirá mi paz mental. Pero si perdono, mi mente vuelve a estar en calma. En cuanto a nuestra lucha por la autonomía, si lo hacemos sin ira, sin odio, pero con verdadero perdón, podremos ser más efectivos en la lucha. Luchar con calma y compasión… A través de una meditación analítica, estoy ahora profundamente convencido de que la emoción destructiva del odio, es completamente inútil.” Además, deja claro que el perdón no implica olvidar lo que ha pasado: “Para reducir el odio y otras emociones destructivas, hay que desarrollar sus opuestos: la compasión y la bondad. Si de verdad se siente gran respeto y compasión por los demás, el perdón es mucho más fácil de alcanzar. Librarse del odio y de la ira puede ser difícil porque son estados emocionales que no siempre son voluntarios. Pero existen dos estrategias que pueden ayudarnos. Entender aquello que no incluye el perdón: El acto de perdonar no implica aceptar que la conducta se repita y el perdón no debería depender de que el otro pida disculpas. Conviene olvidar la idea de que no se perdona hasta que el otro no pida perdón.”



El proceso de perdonar.
Al ser la investigación sobre los efectos del perdón una disciplina relativamente nueva en ciencia, no existen aún modelos rigurosamente contrastados. No obstante, han surgido algunos conceptos que los psicólogos han detectado como elementos que están presentes en el proceso de perdonar.

Se ha observado que se suceden tres etapas cuando alguien decide perdonar (Gordon & Baucom, 1999): En primer lugar, una percepción de la ofensa y del ofensor más empática y ecuánime, en segundo lugar, una reducción de sentimientos negativos hacia el agraviante a medida que aumenta la empatía, y en tercer lugar, una tendencia del ofendido a desistir de su derecho a castigar al culpable.
Aún así, se da el caso muy frecuente de que el culpable se niega a ofrecer sus disculpas o a mostrarse responsable del daño. Es importante en estos casos, ser muy consciente de que el verdadero acto de perdonar se produce con independencia de que el culpable se excuse.

Para la filosofía budista, cuando una persona ha sido víctima de un daño, tiene que saber que perdonar le permite aligerar su carga de dolor. Y que esto no significa necesariamente exonerar al culpable. La carga pertenece a aquél que causó el dolor, no a la víctima. Si esta la acarrea durante demasiado tiempo, la carga pasa a ser de la propia víctima, así que ésta se victimiza a sí misma.

El proceso del perdón.

Buscar el perdón de otros
Encararse a menudo con las propias acciones y motivos.

Preguntarse: “¿He sido yo?” Ser el primero en confesar y pedir disculpas, y si hace falta, reconciliarse y restaurar la relación.
Abrirse y compartir sentimientos con otros miembros de la familia o personas significativas.

Evitar pedir excusas sin realmente aceptar la responsabilidad (Decir, por ejemplo, “Lo siento, pero tú no tendrías que haber dicho…”)
Buscar soluciones en lugar de culpar.

Perdonar a los demás
Vivir internamente el propio perdón. Todos hemos tenido experiencias en que otros nos han perdonado. Unas veces tenemos que perdonar y otras pedir perdón. Nadie está libre de equivocarse o hacer daño sin querer.

Recordar que todas las personas tienen un valor personal; ser consciente de que, perdonando al otro, se le está ayudando a entender el sentido del perdón y se le está liberando.
Tratar de superar la rabia con todas las fuerzas: sentimientos o racionalidad (por ejemplo, utilizando meditación, psicoterapia, oración o apoyo afectivo)

Desarrollar empatía o comprensión emocional por la situación del agraviante (por ejemplo, ¿tiene padres o hijos?, ¿cuáles eran las circunstancias que vivía cuando hizo el daño?)
Evitar revivir y volver a contar innecesariamente lo ocurrido; detenerse en ello solo refuerza los sentimientos de rencor y dolor y consolida el daño en la memoria.

Tener en cuenta que perdonar raramente implica pérdida de la memoria del hecho, sino más bien permite liberarse de la preocupación por la ofensa; no permitir que la ofensa se apodere de los pensamientos, emociones y conductas.


Perdón, reconciliación y justicia (Michelle L. Devon, 2007)


El perdón no es un regalo para el culpable, sino algo que se elabora en el interior de uno mismo. El otro no tiene porqué saberlo. Decírselo o no al culpable es un acto voluntario, pero no es necesario para sanar el dolor del daño que otra persona ha hecho.

El perdón no significa reconciliación. Tampoco implica permitir que una acción que nos ha hecho daño siga ocurriendo. No hay que creer que la persona culpable merece saber que se le ha perdonado. Muchas veces no merece la reconciliación. Algunas veces el daño es tan grande que no se puede confiar más en esa persona. Aunque no sea posible la reconciliación el perdón sí lo es.
El perdón no ocurre automáticamente, pero el ofensor no tiene necesariamente que pedir perdón para que le perdonemos. Ni siquiera admitir que necesita nuestro perdón.

El perdón es una decisión. La decisión de dejar ir el dolor.
Perdonar no significa permitir que la persona continúe haciendo daño ni que se le permita seguir actuando de igual modo.

Para que ocurra una reconciliación, es necesario que el agraviante pida perdón y se proponga no volver a hacer daño otra vez. El perdón no necesita al culpable en absoluto.
Se puede perdonar a los que ya no viven, pero no reconciliarse con ellos. Se puede perdonar a quién nos hizo daño y abusó de nosotros, pero sin dejarlo entrar en nuestra vida para que vuelva a hacerlo.

El perdón es una liberación de la carga de dolor que llevamos dentro.
El perdón apaga la necesidad de venganza; ésta impide la sanación. Si ejecutamos una venganza, estaremos necesitando perdonarnos a nosotros mismos o pedir perdón al otro.

Para perdonar hay que desistir del deseo de venganza, pero no renunciar al derecho a la justicia.
La venganza es el deseo de que el culpable sufra lo mismo que uno ha sufrido por sus actos.

La justicia, a su vez, implica que el culpable pague una pena justa por lo que ha hecho. Tiene la obligación moral y, a veces legal, de corregir el daño que ha hecho. La justicia debería ser recta, la venganza nunca es justa. La víctima tiene derecho a buscar justicia, pero no el derecho moral de buscar venganza. La venganza daña a la misma persona que la ejecuta aunque no se dé cuenta de ello. La Justicia es una reparación moral.

Isabel Larraburu, Psicóloga.

http://www.MepongoLasPilas.com/



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Tu Punto de Atraccion: El Factor de Alivio

Vamos a ofrecerte una frase que encierra una gran sabiduría, pero que también es muy evidente: Estás donde estás. Lo que has pensado y lo que piensas ahora ha producido tu creación de lo-que-es, en tu experiencia de la vida. Y, por lo tanto, ¡eso es lo que hay! Sin embargo, queremos que lleves toda tu atención a la relatividad vibratoria entre donde te encuentras ahora y donde quieres estar, puesto que ahí es donde se encuentra tu poder. Ahí es donde reside tu genio creativo.
La diferencia vibratoria entre donde te encuentras y donde quieres estar es la arena creativa a la que has venido a jugar: a la Primera Línea de la Creación. Aquí es donde has venido a experimentar y a disfrutar, nunca a completar.

De modo que el lugar donde te encuentras ahora y cómo te sientes equivale a tu punto de atracción vibratorio. Si eres consciente, gracias a tus sentimientos puedes saber si tu percepción deI dónde estás está en armonía con la vibración de tu Fuente.

Si ahora mismo tienes la intención de conseguir el mejor ajuste con la vibración de tu Fuente, entonces estarás consiguiendo, o sintiendo, pensamientos cada vez mejores, y a medida que encuentras mejores pensamientos, experimentarás un gran alivio.

Tu Escala de Guía Emocional, de la permisión a la resistencia...
Imagina una Escala de Guía Emocional con los pensamientos agradables en un extremo y los desagradables en el otro. Y ahora, identifica que ese extremo agradable equivale a permitir, y que el desagradable equivale a la resistencia. De modo que es evidente que, según los pensamientos que elijas, puedes desplazarte hacia cualquiera de los extremos de la misma.

También es evidente que cuanto más te alejes de un extremo, más cerca estarás del otro. Es decir, este pensamiento es más agradable; este pensamiento es peor. Este pensamiento agradable indica permisión; este pensamiento desagradable indica resistencia…

Esta es la escala de tus emociones básicas:


1. Alegría/Conocimiento/Poder personal/Libertad/Amor/Gratitud
2. Pasión
3. Entusiasmo/Ilusión/Felicidad
4. Expectativas positivas/Creencias
5. Optimismo
6. Esperanza
7. Satisfacción
8. Aburrimiento
9. Pesimismo
10. Frustración/Irritación/Impaciencia
11. Agobio
12. Decepción
13. Dudas
14. Inquietud
15. Culpabilidad
16. Desánimo
17. Ira
18. Venganza
19. Odio/Rabia
20. Envidia
21. Inseguridad/Remordimientos/Falta de autoestima
22. Temor/Desconsuelo/Depresión/Desesperación/Impotencia

Puesto que a menudo se usan las mismas palabras para dar a entender cosas diferentes, y palabras distintas para dar a entender las mismas cosas, estas etiquetas de palabras para tus emociones no son del todo exactas para cada persona que sienta esa emoción. De hecho, etiquetar las emociones con palabras puede causar confusión y distraernos del propósito real de nuestra Escala de Guía Emocional.

Lo que más importa es llegar conscientemente a un sentimiento mejorado. La palabra con la que lo describamos no importa.

Busca siempre aliviar tu resistencia
Una forma bastante eficaz de equilibrar tu Energía es buscar siempre sentimientos de alivio. Un sentimiento de alivio siempre indica que ha mejorado tu vibración, y también que has liberado una resistencia, o que ha habido un aumento de permisión; y si estuviéramos en tu cuerpo físico, haríamos que el factor de alivio fuera la parte más importante de nuestra conciencia personal.

Cuando buscas continuamente una forma de ver todas las cosas que te haga sentirte un poco mejor, te vas acercando cada vez más a ver el mundo como lo ve tu Ser Interior. En el proceso dejarás atrás tu resistencia.
Tu propia resistencia es el único factor que evita que realices todas las cosas maravillosas que deseas.
  • La enfermedad es resistencia.
  • La confusión es resistencia
  • La pobreza es resistencia.
  • La tristeza es resistencia.
  • Los accidentes de coche son resistencia…

Todas las cosas que consideras malas existen sólo por tu resistencia a tu Bienestar natural.

No hay una Fuente para lo «no deseado»
No entras en una habitación y buscas el interruptor de oscuridad, porque sabes que no hay un interruptor que inunde la habitación de oscuridad, que oculte la fuente de luz. Por el mismo principio, no hay una fuente de enfermedad o de maldad, sino tan sólo una resistencia ejercida contra la Fuente de Bienestar.

Buscar alivio, en cada momento, con cada pensamiento, con cada tema, te acercará cada vez más a tu Fuente de Bienestar. Cuando te preocupas de cómo te sientes, e intentas deliberadamente ver las cosas de modo que te hagan sentirte mejor (ver el lado bueno de las cosas en lugar del malo), permites más y te resistes menos, y las circunstancias y acontecimientos de tu vida empezarán a reflejar inmediatamente esos cambios. Alivio indica liberar la resistencia, que es lo mismo que avanzar hacia más permisión. Es una utilización eficaz de tu Sistema de Guía Emocional.

El camino a la riqueza en todos los ámbitos de tu vida puede ser muy rápido y agradable o muy lento y penoso. Muchos lamentablemente nunca logran avanzar un paso sin retroceder dos… Todo depende de tu propia determinación a eliminar las resistencias que encuentres en tus pensamientos y actitudes.
Fuente: Esther  y Yerry Hicks - Abraham 

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